• mauricio florez morris

Líder enredado es fácilmente manipulado. La consultoría política frente a evidencias comprometedoras


Un líder está comprometido si su potencial electoral y su poder, tanto en el gobierno como en la oposición, son menoscabados por terceros utilizando información que tengan en su contra.


Este artículo subraya los temas centrales del libro-bestseller "American Kompromat" (2021) donde su autor, el periodista Craig Unger, presenta un repertorio de dinámicas que utilizan los servicios de inteligencia para comprometer a líderes políticos a nivel local e internacional. Se dan a conocer, por ejemplo, los tres principales motivos que llevan a una persona a dejarse enredar por estas agencias y los diferentes niveles de involucramiento en que estos dirigentes pueden caer.


Para ilustrar la forma como funcionan los mecanismos orientados a comprometer personalidades, se describe el programa de reclutamiento de la KGB y se dan nombres propios de colaboradores que utilizó el servicio de inteligencia soviético dentro de los Estados Unidos. Este sistema de operaciones, con la caída del régimen comunista en 1991 y el surgimiento de la nueva agencia rusa, FSB, se repotencializó, gracias al apoyo de la nueva clase dirigente que asumió el control económico de ese país.

Al final del artículo, se enfatiza la relevancia de este libro para la consultoría política en la región, especialmente teniendo en cuenta que una de las funciones que desarrollan muchos asesores es la de darle el mejor manejo posible a situaciones en las que el candidato y/o el político sean el objetivo de una operación para involucrarlos en posibles escándalos, o en eventos similares. Brevemente se mencionan algunas herramientas que los consultores tienen para contrarrestar este tipo de actividades de inteligencia.



Dinámicas generalmente utilizadas para comprometer a líderes políticos


De acuerdo con Yiru Shvets, ex-alto oficial de la KGB, las tres principales motivaciones que se utilizan para reclutar colaboradores son: la ideología, el dinero y el chantaje, es decir amenazando al sujeto con usar evidencias comprometedoras en su contra (p. 47). Shvets observa que desde la década de los 50s y debido a la pérdida de credibilidad que sufrió el comunismo bajo Stalin, la ideología dejo de ser el principal factor para atraer estadounidenses. A partir de esa época, el dinero se convirtió en la razón central para que occidentales ayudaran a la KGB. Esta afirmación se refuerza recordando los casos de los dos principales informantes que esta agencia soviética logró reclutar en sus últimos años. Ellos fueron Aldrich Ames, agente de la CIA y Robert Hanssen del FBI. Ambos, por iniciativa propia contactaron la KGB para venderle información de inteligencia.



A diferencia de las dos primeras motivaciones ya descritas como son la ideología y el dinero, el cultivar a un futuro colaborador generando evidencias comprometedoras en su contra, que sirvan para después chantajearlo, es por lo general un proceso más extenso. Al respecto Glenn Carle, ex agente de la CIA dice: "Yo creo que nosotros los reclutadores somos las personas que hacemos los sueños realidad. Nosotros cumplimos con los deseos de las personas que queremos reclutar. Lo que le falte se lo damos. Si necesitan tranquilidad psicológica porque están bajo estrés, les prestamos nuestro hombro para que lloren. Si necesitan alguien con quien hablar, somos las personas que los escuchan. Si necesitan un compañero para jugar bolos, pues resulta que nos gusta mucho el juego de los diez pinos, y así sucesivamente." (P.68)



De acuerdo con el libro, en algún momento de esta relación se le induce a la persona a confesar alguna infidencia o a cometer algún pecadillo que pueda dañar su reputación, por ejemplo, producir evidencia que muestre que el sujeto ha mantenido una relación extramarital. Como norma se considera que las mejores acciones son aquellas que sin romper la ley desarrollan pruebas comprometedoras. Más aun, se dice que una de las grandes paradojas de las tareas de inteligencia es que el trabajo más clandestino y sensible se realiza a plena vista de todo el mundo, esto es porque con frecuencia el actuar en público es la mejor forma de encubrir una actividad secreta.


Unger explica este punto utilizando una máxima del reconocido periodista Michael Kinsley, quien es recordado en el mundo de la consultoría por haber sido, junto con Pat Buchanan, uno de los anfitriones del famoso programa político, Crossfire de CNN. Kinsley decía: "El verdadero escándalo no es lo ilegal; es lo que es legal. A veces, las fechorías más atroces y corruptas son perfectamente lícitas." Esto es particularmente cierto cuando se trata de operaciones de inteligencia. (p. 22). En otras palabras, la circunstancia de que un personaje no haya cometido un hecho ílegal, no prueba que no haya sido comprometido en una operación de inteligencia. Lo único que si se puede decir es que esta acción fue desarrollada de forma profesional.



Por supuesto, Unger menciona casos de colaboradores que tienen más de un motivo para ayudar a uno o más servicios de inteligencia. Como se verá a continuación, un ejemplo muy relevante en el libro es el caso del magnate Robert Maxwell, dueño de un amplio conglomerado de telecomunicaciones, que incluía importantes periódicos como el Daily Mirror en Inglaterra y el New York Daily News en los Estados Unidos. También propietario de la conocida editorial MacMillan y de la academia de idiomas Berlitz. Maxwell fue criado en una familia judío-ortodoxa y diferentes circunstancias en su vida lo llevaron a colaborar por razones ideológicas con el Mossad (servicio de inteligencia israelí) y por motivos económicos con la KGB.



El 6 de noviembre de 1991 su cuerpo fue encontrado flotando cerca de su yate "Lady Ghislaine", nombre de la embarcación en honor a su hija, Ghislaine Maxwell. Forenses no descartaron que haya sido asesinado. La prensa especuló que fue una cuenta de cobro de una de las organizaciones con la que él estaba asociado. El libro señala que Ghislaine conociendo las vinculaciones de su padre, al enterarse de su muerte, lo primero que hizo fue destruir todos los archivos comprometedores que él conservaba en el yate.



Respecto a los niveles de involucramiento en que un político puede caer dentro de estas organizaciones, Unger observa que cada servicio de inteligencia tiene diferentes categorías. En la CIA, por ejemplo, hay dos niveles. El primero lo integran las personas que están en proceso de convertirse en colaboradores, estos son sujetos en los que la agencia está trabajando. El otro grupo es constituido por las personas que ya fueron reclutadas.



Las agencias rusas, por su parte, prefieren manejar una categoría intermedia denominada "contactos confiables", conformada por personas que después de un periodo de tiempo entienden que están ayudando al servicio de inteligencia, pero no reciben una confirmación explicita de la vinculación. Para Unger esta es una experiencia diferente a la de los agentes quienes tienen certeza de su papel dentro de estas organizaciones y cuya clasificación va de acuerdo a las funciones que cumplen. Por ejemplo, hay supervisores, reclutadores, expertos en infiltrarse, guardianes, observadores, informantes, analistas, etc. (p. 36).


El autor insta a pensar que, en cada una de las principales ciudades del mundo, hay al menos un reclutador ruso. Una de sus funciones es la de acumular hasta diez diferentes reportes sobre la persona que están analizando. Esta información sirve para evaluar si el posible candidato muestra alguna inclinación a cooperar con la agencia, de forma tal que se le pueda convertir en un "contacto confiable" o directamente en un agente. Si la evaluación resulta positiva, se da luz verde para iniciar el proceso de involucramiento. Teniendo esto presente, no es descabellado pensar que personajes del ambiente político en la región, en algún momento de sus carreras sean evaluados y contactados por servicios de inteligencia.


Otros interesantes aspectos sobre la forma como estas agencias operan se pueden encontrar en diferentes apartes del libro.




Un ejemplo del proceso de cultivar colaboradores


De acuerdo con Unger, el primer contacto que tuvo Donald Trump con agentes de la KGB se debió a una operación encubierta que esta agencia desarrollaba en New York para monitorear funcionarios diplomáticos en las Naciones Unidas. Buscando cómo contactar a estas personas sin generar sospechas, los rusos hallaron que la mayoría de los almacenes de la ciudad solo vendían televisores que trabajaban con corriente de 110 voltios y con formato de video norteamericano NTSC. Este limitante generaba un problema para los representantes de muchos países que estaban interesados en adquirir, con descuento diplomático, equipos con los formatos de video PAL (sistema europeo) y SECAM (sistema usado en Rusia, China, Pakistán, etc.), y que pudieran llevar de regreso a sus países de origen. Viendo esta necesidad, la KGB decidió abrir como fachada de operaciones, el almacén "Joy-Lud Electronics" donde se podían adquirir estos aparatos. El comercio era gerenciado por el emigrante ucraniano Semyon Kislin y se encontraba en el conocido Toy Center, en la Quinta Avenida con la calle 23 en Manhattan. Aunque el libro no lo dice, otro almacén con similares características también funcionaba sobre la Avenida Connecticut cerca a Dupont Circle, en la zona de embajadas de Washington, DC.



La idea era que, dependiendo del cliente, a los nuevos televisores se les agregaba un sistema oculto para espiarlos. El texto señala que Donald Trump, desconociendo esta situación, establece su primer contacto con la KGB cuando necesitando televisores para su nuevo hotel Grand Hyatt en New York, se entera que "Joy-Lud Electronics" estaba vendiendo un amplio surtido de aparatos económicos, algunos de ellos con sistemas NTSC y PAL. Muy posiblemente el almacén también poseía un surtido de aparatos "modificados" que funcionaban solo con el sistema NTSC americano y que habían sido recibidos de los diplomáticos como parte de pago de los equipos nuevos.



De acuerdo con Unger, después de que Trump hizo este negocio, los reclutadores de la KGB empezaron a estudiar a fondo su perfil. Por supuesto, él no fue la única persona que le intereso a esta agencia de inteligencia. Por ejemplo, se menciona que Kislin, el gerente de "Joy-Lud Electronics", aportó 40 mil dólares a cada una de las dos campañas del alcalde Rudy Guiliani, en 1993 y 1997. Como contraprestación Guiliani nombró a Kislin dentro de la Corporación para el Desarrollo Económico de la ciudad de New York entre los años 1996 y 2000. Desde su nuevo puesto, Kislin ayudó a recaudar millones de dólares para sostener la campaña que Guiliani hizo al Senado norteamericano en el 2000. Al final, por problemas personales, Guiliani renunció a esta candidatura y la demócrata Hillary Clinton ganó la elección, frustrando así los esfuerzos de Kislin y sus asociados.



Unger indica que, en la evaluación de la personalidad de Trump, el millonario fue definido como un candidato ideal para ser un potencial colaborador, debido a que se lo clasificó como "un sujeto vano, narcisista, muy susceptible a la adulación y avaro." El libro por ejemplo cita, cómo por medio de halagos, los agentes de la KGB lo lograron convencer para que pagara $94.801 dólares por tres avisos publicitarios de una página en los diarios The New York Times, The Washington Post y The Boston Globe. En estos anuncios se promovía que los Estados Unidos dejaran de apoyar económicamente a la OTAN, objetivo que hasta hoy ha sido uno de los pilares de la política exterior rusa. Los avisos se publicaron el 2 de septiembre de 1987 y estaban pensados con la excusa de promover una posible campaña de Trump a la presidencia en 1988. (Ver aviso a continuación).


Otro ejemplo que el libro cita ocurrió cuando agentes de la KGB convencieron a Trump de que gracias a sus habilidades para negociar y a su capacidad para aprender rápido de cualquier tema, él podía terminar con la proliferación de armas nucleares en muy poco tiempo. Esto hizo que el magnate empezara a verse como un pacifista e intentara proyectar esa imagen en la sociedad estadounidense a través de diferentes artículos de prensa (p. 66)



El libro cita muchas otras situaciones donde se presenta a Trump como un colaborador altamente influenciable. Tal vez uno de los episodios más jocosos para los expertos en inteligencia ocurrió en 1986 cuando en pleno férreo dominio del Partido Comunista en la Unión Soviética, agentes de la KGB lo convencieron para viajar a Moscú con el fin de que él construyera una torre Trump, símbolo del capitalismo, en la Plaza Roja. El magnate no solo creyó que este proyecto era factible, sino que también filtró la noticia a la prensa. Por supuesto esta idea tampoco prosperó, pero sirvió para medir la capacidad de influencia que la agencia tenía en el millonario norteamericano.



Para Unger dos factores fortalecieron la relación entre Trump y la inteligencia rusa a principios de los años 90. El primero fue la debacle económica que el millonario sufrió debido a las enormes inversiones que hizo en la industria de casinos en Atlantic City. El 2 de abril de 1990 Trump inauguró el casino Taj Majal con la presencia de celebridades de la talla de Michael Jackson.



Este sitio era presentado como la octava maravilla del mundo y estaba acompañado de otros tres hoteles que en su momento tenía la cadena Trump en esa ciudad. Para los turistas de clase media, la oportunidad de visitarlos, significaba gozar de un fugaz contacto con los lujos antes solo vistos en programas de televisión como "Lifestyles of the Rich and Famous."



Lamentablemente la inversión de 1.100 millones de dólares que hizo Trump nunca fue rentable y ya para el año 1991, se estaba tramitando la bancarrota de estos establecimientos. Las pérdidas que Trump sufrió en Atlantic City, alcanzaron los 4.000 millones de dólares (p. 161).



Al mismo tiempo que Trump perdía gran parte de su capital, la Unión Soviética colapsaba. El 25 de diciembre de 1991, Mikhail Gorbachev renunció a su cargo de presidente de la URSS y fue sucedido por Borís Yeltsin. Como consecuencia del cambio del sistema, se inicia un proceso de formación de una oligarquía que, en compañía con los nuevos dirigentes políticos, rápidamente adquiere el control de muchas de las industrias previamente estatales. Como resultado de esto, parte de las ganancias se empezaron a invertir en el exterior. Para Unger, en el caso de los Estados Unidos y gracias a la amistad que Trump ya tenía con los servicios de inteligencia rusos, una porción de este dinero ingresó a sus compañías de finca raíz, lo que le permitió recuperarse de su debacle financiero. El libro ofrece varios ejemplos concretos de estos negocios, los cuales como buenas operaciones de inteligencia se hicieron de forma legal y a la vista de todo el mundo.


La bonanza que produjo el cambio del régimen en Rusia favoreció a muchos otros emprendedores en el occidente, uno de ellos fue el asesor de inversiones en la bolsa de New York, Jeffrey Epstein, quien mantenía una estrecha amistad con Donald Trump y tenía una relación íntima con la ya mencionada Ghislaine Maxwell. De ellos se decía que Epstein aportaba el dinero mientras que Ghislaine, con mejor formación universitaria y más mundo, se encargaba de las relaciones sociales.


Lamentablemente la pareja Epstein-Maxwell desarrollaba una doble vida, en la cual acostumbraba a tener relaciones sexuales con niñas menores de edad. Los detalles básicos de cómo operaban y de la forma cómo involucraban en estas actividades a sus amigos y a importantes líderes políticos mundiales, también está bien ilustrada en el documental "Jeffrey Epstein: Asquerosamente Rico" que actualmente presenta Netflix (Ver trailer).



El documental muestra las diferentes propiedades donde la pareja organizaba estas fiestas: la "Little St. James Island" en las Islas Vírgenes, la hacienda "Zorro" en Nuevo México y sus mansiones en New York, Palm Beach (Florida) y Paris. De igual forma se señala que mientras algunas menores eran niñas que vivían en las proximidades e iban engañadas, otras eran transportadas desde países europeos.


El libro "American Kompromat" corrobora ambos puntos y agrega que traer muchachas de Europa era parte de una operación de inteligencia, que utilizaba agencias de modelaje como fachada para comprometer a varios líderes mundiales que frecuentaban las reuniones de Epstein. Entre la larga listas de invitados que aparecen en el texto se encuentran el exprimer ministro israelí Ehud Barak, el exprimer ministro ingles Tony Blair, los expresidentes Estadounidenses Bill Clinton y Donald Trump (antes de ser presidente), el actor Woody Allen, el cantante Michael Jackson, el consultor político Steve Bannon, el príncipe Andrew de Inglaterra, etc. Tanto el libro como el documental ofrecen crudos testimonios de las victimas narrando sus encuentros con algunos de estos personajes.



Según Ungar, el hecho de que estaban tratando con personas tan poderosas y la experiencia previa de Ghislaine con la traumática muerte de su padre, llevaron a la pareja Epstein-Maxwell a grabar de forma secreta las relaciones íntimas de algunos de sus invitados con las menores de edad (p.170). Se sabía que estos vídeos tenían un mayor poder extorsivo que filmaciones de encuentros íntimos entre sus invitados y trabajadoras sexuales profesionales.



Epstein y Maxwell empezaron a tener problemas con la policía local de West Palm Beach, Florida, en el 2005, cuando algunos padres se enteraron de que la pareja le pagaba $200 dólares a sus hijas adolescentes por participar en sección de masajes y otros $200 si traían a alguna amiga de su misma edad. Convertir a algunas niñas en reclutadoras de sus amigas produjo lo que Unger llama una "pirámide de abuso".


Para enfrentar las autoridades, Epstein contrató a dos de las mejores firmas de abogados del país y la situación se volvió tan difícil que la policía local decidió transferir el caso al FBI. Finalmente, cuando los agentes federales allanaron las casas de Epstein, encontraron indicios de que se producía material comprometedor. Sin embargo, el mismo ya había sido removido (p. 195). El libro revela que una copia de la colección de videos hoy se encuentra en los archivos del servicio de inteligencia ruso. La persona que facilitó el material actualmente vive protegida cerca de Moscú.



En el 2008, pese a que el FBI encontró que Epstein había abusado de 36 niñas, se llegó a un acuerdo en que el acusado solo tuvo que pagar 13 meses en la cárcel por haber solicitado servicios de prostitución. Durante ese tiempo gozó de permiso para salir a trabajar seis días a la semana. Se dice que las actividades ilícitas de Epstein nunca pararon hasta el 6 de julio del 2019 cuando nuevamente fue arrestado, esta vez acusado de tráfico de menores con fines sexuales. Bajo extrañas circunstancias se lo halló muerto en una celda de alta seguridad, el 10 de agosto del mismo año.

El libro ofrece muchos más detalles sobre los aspectos jurídicos del caso Epstein que por razones de brevedad no son tratados en este artículo. Simplemente cabe mencionar que Unger identifica al grupo de abogados que representó a Epstein, como la "Guardia Pretoriana" de Trump. Muchos de ellos ocuparon altas posiciones en su administración.

Herramientas en consultoría política para identificar y contrarrestar evidencias comprometedoras


Como ya se reseñó, en este artículo se presentaron algunas de las dinámicas generalmente utilizadas para comprometer a líderes políticos y apartes de un reciente ejemplo ocurrido en los Estados Unidos donde se adelantaron diferentes tareas para involucrar a importantes personajes. Situaciones como las descritas en el caso Epstein son legal y moralmente condenables, sin embargo, existen muchos otros casos donde evidencias comprometedoras son fabricadas simplemente con el fin de perjudicar y/o controlar a buenos líderes. En estos casos, la consultoría política ofrece algunas herramientas para disminuir al máximo cualquier perjuicio que estas "pruebas" le generen.


El asesor tiene al menos dos alternativas para detectar evidencias comprometedoras contra el cliente. La primera es fomentar un diálogo franco y directo con él, generando desde un primer momento lazos de confianza y asesorándolo sobre el peligro de situaciones como las presentadas en este libro, donde políticos son blanco de los agentes de inteligencia para luego chantajearlos.


Una segunda herramienta usada por los consultores es la técnica de estudios de oposición. Su objetivo es establecer las fortalezas y debilidades del líder y de sus principales opositores en una elección. Con frecuencia estas investigaciones arrojan valiosos datos que por diferentes motivos el político no había compartido con sus asesores. Teniendo este tipo de información, se puede estar mejor preparado para emplear técnicas de manejo de crisis en caso de que se utilicen evidencias comprometedoras contra el cliente.


Conclusiones


La relevancia del libro "American Kompromat" para la consultoría política en la región se basa en los numerosos informes de prensa, escritos desde múltiples perspectivas ideológicas, donde se asegura que organizaciones de diferentes países desarrollan tareas de inteligencia, similares a las descritas por Unger, para comprometer a líderes tanto nacionales como de otros países. El hecho de que, a un personaje público, explotando sus debilidades, le hayan creado este tipo de vulnerabilidades es una situación cada vez más posible y que de ocurrir, tiene muy seguramente un impacto negativo en su desempeño tanto en una campaña como en el gobierno.


Cabe recordar que negarse a trabajar a favor de un posible cliente por motivos éticos es una prerrogativa que existe en la mayoría de las profesiones. Dicho esto, no se puede negar que la consultoría política posee herramientas como los estudios de oposición y las técnicas de manejo de crisis, que bien empleadas permiten contrarrestar el trabajo que organismos de inteligencia hacen para comprometer a líderes políticos.


A pesar de que el libro no incluye casos de líderes latinoamericanos comprometidos por agencias de inteligencia, se da por descontado la existencia de ellos, como se desprende de las diversas fuentes de información disponibles en sitios de la web.


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Este artículo fue escrito por Mauricio Florez Morris, Ph.D. El autor ha sido profesor en las facultades de Ciencia Política y Sociología en University of Maryland, George Washington University, Georgetown University, y North Virginia Community College en los Estados Unidos. También ha dictado clases en la Universidad del Rosario y la Universidad Javeriana en Colombia, al igual que en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad del Salvador en la Argentina.


Su actual interés académico se centra en temas relacionados con los estudios de opinión pública, campañas electorales, marketing, liderazgo y psicología política. Es miembro de la American Association of Political Consultants (AAPC), la American Political Science Association (APSA) y es Community Member de Campaigns & Elections, USA. Ha trabajado en campañas electorales para organizaciones afiliadas al Partido Demócrata en los Estados Unidos.


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